Sandra Gilbert y Susan Gubar afirman que la mujer poeta supone una amenaza para el orden heteronormativo ya que escribir poesía supone asumir un yo y unas cualidades socialmente consideradas masculinas (Gilbert, Gubar 1998).
Ser poeta, por tanto, significa para una mujer la necesidad de componer su propio yo, su propio sujeto transgrediendo ese orden social en el que no tiene cabida. Tiene que buscar una voz propia utilizando una herramienta flexible, aunque socialmente connotada, que es el lenguaje. La mujer que escribe poesía se ve confrontada con una lengua que marca unos límites que debe romper, fracturar y forzar para que pueda contener la visión de la otredad. A lo largo de la historia la mujer ha sido siempre el otro. En la poesía occidental lo que encontramos en la lírica es un yo masculino que se dirige a un tu femenino que la mayoría de las veces es inidentificable, no hay una visión personal de ese tu que es un arquetipo, una entelequia, un objeto de adoración o de deseo, pero objeto al fin y al cabo. En el momento en el que alguien se decide a plasmar literariamente su mundo personal, su visión de la vida y del mundo o su experiencia de lo vivido uno de los recursos a los que con más frecuencia acude es a la tradición que a lo largo de la historia ha codificado determinados significados que han pasado a ser comprendidos por los lectores siempre de la misma manera convirtiéndose en tópicos literarios. El otro recurso ineludible, sobre todo cuando se escribe poesía, es el de la simbolización, el de dar a las palabras contenidos simbólicos nuevos y personales. Para una mujer que desea escribir poesía recurrir a la tradición presenta una enorme dificultad ya que la tradición es siempre la de la cultura dominante que se ha ido transmitiendo a través de la enseñanza académica y de la crítica literaria que ha ido construyendo un canon del que se marginan las obras que no se atienen a la visión de la ideología dominante que no es más que la visión androcéntrica del mundo. En esta tradición la mujer aparece siempre como madre, esposa, musa, amante, ángel del hogar, ser celestial, pero nunca como sujeto. Iris Zabala respecto a esto dice que los textos culturales son proyectores de identidades sociales, de subjetividades, de taxonomias y juicios valorativos que es necesario re-examinar y re-apropiar (Zabala 1999). Y esta es la labor a la que se tienen que aplicar las mujeres que escriben poesía. La crítica que valora la producción literaria de las mujeres rara vez le ha dado el lugar apropiado según los méritos literarios de sus obras, suelen aparecer con demasiada frecuencia juicios valorativos ideológicamente teñidos de condescendencia y de falsa benevolencia. Espronceda al leer en 1839 el poema titulado “A la palma” escrito por Carolina Coronado impresionado por la buena factura del poema le escribe a modo de respuesta un poema laudatorio muy conocido que comienza :
Dicen que tienes trece primaveras
y eres portento de hermosura ya
y que en tus grandes ojos reverbera
la lumbre de los astros inmortal.
Para terminar diciendo:
Que nacimos de un aura del mismo arrullo para ser, yo el insecto, y tu la flor. Ni una sola palabra referida a su destreza o calidad en componer versos. Carolina Coronado es hermosa y, al fin y al cabo, una flor que es lo que se supone que es una mujer. Uno de los intelectuales más apreciados de principios del siglo XX en España es José Ortega y Gasset. Veamos lo que escribe a propósito de la poesía de Ana de Noailles en el primer número de la Revista de Occidente aparecida en julio de 1923
“El lirismo es la cosa más delicada del mundo. Supone una innata capacidad para lanzar al universo lo íntimo de nuestra persona[…]. Hace falta que el último núcleo de nuestra persona sea de suyo como impersonal y esté, desde luego, constituido por materias trascendentes. Ahora bien, estas condiciones solo se dan en el varón. Solo en el hombre es normal y espontáneo ese afán de dar al público lo más personal de su persona”
Más adelante en el mismo artículo afirma que la mujer es más bien un género que un individuo. Es decir, para Ortega las mujeres no pueden tener una voz lírica porque no tienen subjetividad ni en su interior puede haber “materia trascendente” Se puede objetar que Ortega es de otra época, sí desde luego, pero en épocas más recientes sigue ocurriendo más o menos lo mismo. El crítico José Luis García Martín en el tomo IX de la Historia de la Literatura Española dirigida por Francisco Rico en su estudio de la poesía contemporánea sitúa a todas las poetas bajo el epígrafe de “Poesía femenina” sin distinguir características de su poesía y lo que es más grave, sin situarlas junto con sus compañeros de generación varones. Y si vamos a otras latitudes vemos como, por ejemplo, las poetas de la llamada generación beat no aparecen en la nómina de sus compañeros de generación. Todavía hoy en los manuales escolares no aparece ninguna mujer en la lista de los poetas del 27 ya rara vez se menciona a más de una poeta actual aunque lo más frecuente es que no se mencione ninguna. Las mujeres, en palabras de Judit Butler, pertenecemos a una cultura que representa a la mujer como espectáculo, cuerpo a observar, objeto de deseo. Por esto las poetas tienen que apropiarse de su cuerpo y del lenguaje para expresar, manifestar y definir su pensamiento y su especificidad. Las poetas tienen que partir de si mismas, de su cuerpo, de su pensamiento para expresar su autenticidad y sus deseos y para hacer variar los significados que los referentes culturales les han atribuido desde hace siglos. A través del pensamiento filosófico desde la Grecia clásica el cuerpo femenino ha tenido una connotación negativa. Ha sido calificado de jaula, fango, cárcel. La filosofía ha transmitido la idea de que la mujer es un ser próximo a la naturaleza y como tal susceptible de ser domesticada al igual que la propia naturaleza lo es, tanto los animales como la propia tierra ya que se han desviado ríos, horadado montañas, ganado terreno al mar. Asi los estereotipos culturales que se asocian a las mujeres son las flores, como ya hemos visto en el poema de Espronceda, la tierra, el refugio( el reposo del guerrero) asi como pasividad, sensualidad, alogicidad, reina del espacio privado, es decir, del hogar. Todos estos estereotipos comportan un proceso de cosificación con el que las mujeres que escriben poesía tienen que lidiar a diario. La mujer ha sido siempre definida por otros hasta tal punto que su identidad e incluso su existencia ha quedado enmascarada en el lenguaje bajo la aparente neutralidad y universalidad del masculino genérico. Ya Anaxágoras decía que la determinación del sexo procede del padre: los niños del testículo derecho, el más caliente y las niñas del izquierdo, el más frío. El macho, caliente y seco se asocia al fuego y al valor positivo;lo femenino es frío y húmedo asociado al agua y al valor negativo. Asi piensan Empédocles, Hipócrates y Aristóteles que va más allá al decir que el exceso de lo femenino en la generación de un nuevo ser da origen a un monstruo. Los griegos establecen un patrón mediante el cual jerarquizar y explicar la pluralidad no jerárquica del mundo. Dejando aparte todas las discusiones habidas en el seno de la iglesia católica sobre si la mujer tenía alma o no, la filosofía acaba consagrando, y el pensamiento en general recogiendo, una serie de oposiciones binarias que configuran la imagen de la mujer. Esas dicotomías son, entre otras, caliente/frío; superior/inferior; actividad/pasividad; cultura/naturaleza, etc. Las mujeres se definen como sujetos excéntricos y múltiples respecto de lo que la cultura ha pretendido desde siempre. Y esa pretensión no es otra cosa que el querer a toda costa que las mujeres interioricen la visión masculina del mundo y la propia imagen masculina como universal y neutra de manera que ellas mismas se sientan reflejadas en esa imagen. El yo de la mujer que escribe es precario y complejo puesto que no solo debe transformar el lenguaje que la oculta sino también transformar todo un universo de símbolos y connotaciones que durante siglos han ocultado su ser, su pensamiento y sus deseos. El cuerpo de la mujer se ha saturado de sexualidad y es en ese contexto donde se la quiere mantener encerrada por eso es fundamental que el cuerpo sea definido por ella misma. Las poetas hoy saben que no se puede reproducir lo que la sociedad ha considerado que deben ser las preocupaciones propias de las mujeres, lo que la cultura ha ido acumulando sobre su identidad. Por eso en la poesía contemporánea que escriben hay una constante y sistemática destrucción de tópicos propios de la visión androcéntrica del mundo. Cristina Peri Rossi lo expresa de la siguiente manera:
Vienes fabricada
por veinte siglos de predestinación
en que te hicieron así
los hombres anteriores
para amarte según sus necesidades.
Y Alejandra Pizarnik:
Y cuando es de noche
una tribu de palabras mutiladas
buscan asilo en mi garganta
para que no canten ellos,
los funestos, los dueños del silencio
En la personificación metafórica “palabras mutiladas” encontramos un elemento corporal que expresa la violencia del elemento simbólico que es la palabra. La poesía es el género literario que permite jugar con el lenguaje y llevarlo hasta el límite para llenarlo de nuevos significados. Para la estudiosa de la poesía española Sharon K. Ugalde las poetas hoy deben, y asi lo hacen, acogerse a estrategias de subversión y revisión. La subversión consiste en la utilización de una táctica destructora para desarmar la simbolización verbal existente que históricamente ha subyugado a la mujer, mientras que la revisión, sobre todo de mitos e imágenes, es una estrategia de construcción que permite a la poeta descubrir y expresar con más precisión su propia identidad transformando y haciendo suya la riqueza del lenguaje literario (Ugalde 1991). La inversión de estereotipos es algo propio de la poesía de las mujeres que la utilizan con enorme frecuencia. Como ejemplo podemos hablar de la idea de la infancia, los niños socialmente, y también literariamente, como símbolos de inocencia pueden llegar a simbolizar la muerte. Margaret Atwood dice en uno de sus poemas:
El, que llegó felizmente tras navegar el rio peligroso
de su llegada al mundo
se ha marchado
a un viaje descubridor.
La muerte del hijo no presenta ningún rastro de dramatismo ni se insiste en lo que se supone que una madre debe hacer ante la inocencia infantil. El amor, tema fundamental en la lírica que lo ha construido a lo largo del tiempo con oropeles positivos, como algo a lo que se aspira y que causa tristeza cuando se pierde, en la poesía de las mujeres muchas veces es violencia, miedo y dolor. Ana Cascella (1944), poeta italiana, dice:
Eres
mi espina en el costado.
Bárbara Vukusic afirma:
el amor implica el máximo peligro
de destrucción.
Olga Orozco(1920-2000) nos grita :
No, este cuerpo mío no puede ser tan solo para entrar y salir
Aquí la cosificación queda claramente reflejada.
La necesidad de subvertir el lenguaje, de reinventarlo las poetas lo expresan también en sus versos. La poeta argentina Susana Thenon(1935-1991) lo expresa de la siguiente manera:
Me niego a ser poseida
por palabras, por jaulas
por geometrías abyectas.
Me niego a ser
encasillada
rota
absorbida.
La poeta se niega a ser explicada por palabras que no la explican.
Ser mujer es visto por las propias poetas como algo portador de dolor y de este dolor y de su propio cuerpo es desde donde parten para escribir para que esa escritura sea veraz y necesaria. La poeta brasileña Ana Cristina César (1952-1983) lo expresa de la siguiente manera:
Miro mucho tiempo el cuerpo de un poema
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un hilo de sangre
en las encías.
La necesaria construcción y afirmación del yo la expresa Julia Barella con estos versos:
Soy la que no nace ni se rompe
ni crece de la costilla de los hombres.
La ruptura del tópico juedeo-cristiano de la creación de la mujer se ve claramente en estos versos en los que la poeta afirma su yo alejado de toda configuración externa a si misma.
La construcción del yo en poesía lleva aparejada la idea de la mujer, las poetas explican en sus versos lo que es ser mujer. Amparo Amorós nos dice en uno de sus poemas:
Pero tú, Nora, sal abre esa puerta
aunque te tiemble el pulso ábrete paso
crece, madura, ser mujer acaso
sea afirmarse en una herida abierta.
Y Juana Castro:
Yo no soy de esta tierra.
Era ya extrajera en la distancia
del vientre de mi madre
y todo, de los pies a la alcoba me anunciaba
destierro.
Vemos en el vocabulario escogido por estas poetas como el ser mujer viene calificado de herida abierta y de destierro. Existe la conciencia de que ser mujer es ser algo que no pertenece a la visión que la cultura hace de las mujeres el destierro de Juana Castro es el destierro del mundo de la cultura y las ideas comunes de la sociedad, por eso no es extraño que en la poesía de las mujeres uno de los temas que con más frecuencia aparece es el de la soledad ya que siempre ser diferente, no encajar en una ideas preconcebidas, desemboca en un sentimiento de soledad.
Franciasca Aguirre lo expresa así :
Se extrañó la mujer de que la vida
en que todas sus ansias había puesto,
fuese una soledad interminable.
Y Ana Vega dice:
No se puede luchar
ni esquivar los golpes,
la soledad
es atravesar ya el muro
pero hacia dentro.
Paloma Palau también nos habla de la soledad:
Cojo la soledad
me la restriego por todo el cuerpo
-cavidad craneana, bronquios, cuello-
y me coso y me corto los poemas
para mi tall exacta y me remiendo
la vida como puedo.
En estos tres ejemplos queda claro que la soledad no es una elección personal sino una consecuencia de lo que la vida demasiadas veces ofrece a las mujeres. Uno de los temas donde la ruptura con el tópico de la mujer paciente y pasiva se aprecia más claramente es el del erotismo. Las poetas toman las riendas de su propio deseo y actúan, sobre todo las más jóvenes, toman la iniciativa y no esperen pacientemente. M Teresa Espasa lo expresa de este modo:
Ni siquiera podrias sospechar
acuántos sujetos conocí.
Hombres de oficios y
talantes diferentes
que en mis manos solo fueron
objetos de algodón.
Inmaculada Mengíbar hace un guiño a una figura clásica y dice:
ero seamos realistas
Penélope,cosiéndole,
no eres más feliz que yo
ahora mismo rompiéndole
la cremallera.
En estos dos ejemplos, que podrían ser muchos más, hemos dado completamente la vuelta a la pasividad y la objetualización del objeto de deseo y ellas han tomado el mando. La revisión de los mitos, cultos y populares es otro de los caminos que toma la poesía que escriben las mujeres hoy. Entre los mitos más tratados están los de Ofelia y Penélope que encarnan en si mismos la idea de pasividad.
M Victoria Atencia ve a Ofelia como un personaje activo:
Recorreré los bosques, escucharé el reclamo
en celo de la alondra, me llegaré a los ríos
y escogeré las piedras que blanquean sus cauces.
Marina Aoiz nos presenta una Penélope que después de ahuyentar a sus pretendientes a pedradas respira libre.
¡Al fin libre! ya no espero nada
Ni a nadie.
La tarde lame mi piel soleada.
Ser sola es mi auténtica Odisea.
Ser, no estar, y ahí radica el cambio. Penélope no espera y no se siente sola sino ella misma es la soledad y dicha soledad es su propia aventura. Uno de los mitos populares más extendidos en el imaginario popular es el de considerar que los marineros tienen una mujer en cada puerto. Carmen Camacho se encarga de ver el mito desde el ángulo opuesto:
Que el marinero con una mujer en cada puerto
zarpe tranquilo. No estamos solas
que la mujer del puerto tiene un hombre en cada marinero.
Podemos afirmar que lo que la poesía que las mujeres escriben hoy es una poesía en libertad en la que cada una de las escritoras expresa su yo a través de la subversión, transformación, reinvención de temas y motivos poéticos. en cuanto a los aspectos léxicos y formales encontramos también una total libertad, empleo de lenguaje cotidiano junto con léxico específico de distintas disciplinas, cultismos y términos en otros idiomas. Esa libertad se traslada también a la forma ya que se abandonan las estrofas canónicas y la métrica tradicional para utilizar de forma predominante el verso libre, el versículo y hasta el poema en prosa.
Un paseo por la historia
En occidente las primeras mujeres que escribieron poesía fueron griegas y aunque hasta nosotros han llegado unos pocos nombres y unos pocos textos o fragmentos de los mismos podemos comprender la importancia que tuviero. De entre todas la más conocida es Safo que se sitúa hacia el año 598 a.c. que fue apreciada en Roma donde Horacio y Ovidio la mencionan y Catulo parece que la imita. Su obra nos ha llegado fragmentada e incompleta, solo dos composiciones parecen estar completas, un himno a Afrodita y una oda a su amada. La acompañan en este limitado Parnaso, por desconocimiento de otros nombres, Anite de Tegea, Nossis de Locres, Erinna de Telos, Mero de Bizancio.
Las primeras poetas que escribieron en la península ibérica fueron romanas. El nombre que destaca es Pola Romana esposa de Lucano autor de La Farsalia que al parecer fue redactada en parte por ella.
Después de la invasión de la península ibérica por los árabes encontramos poetas mujeres que escriben entre los siglos X y XIII en que la cultura es esplendorosa ya que florece el arte, la filosofía y la literatura. Las mujeres de Al-Andalus tanto hebreas como musulmanas aprenden a leer para poder hacerlo con Corán o la Biblia y el ambiente poético es muy notable entre los hombres que se reunen en tertulias para intercambiar sus composiciones. En estas tertulias estaban presentes las cantoras esclavas a quienes se deben las jarchas con toda seguridad.
Las aristócratas escribieron versos que han llegado hasta nosotros. Las más famosas son la princesa omeya Wallada que vivió en Córdoba en el siglo XI y la princesa granadina Hafsa al-Rakuniyya del siglo XII.
En el siglo XII se produce uno de los hechos literarios y culturales más importantes de toda la Edad Media cuyos ecos se pueden percibir hasta nuestros días: la literatura cortés y la invención del amor cortés. Se puede decir sin faltar a la verdad que el concepto del amor que llamamos comunmente romántico y que vemos en muchas novelas decimonónicas y en el cine, nace en el siglo XII en las cortes provenzales y es difundido por los trovadores. Del conjunto de textos trovadorescos hay cuarenta y seis escritos por mujeres, las trobairitz, que son damas de la nobleza occitana. En sus composiciones utilizan un lenguaje directo y personal sin atenerse a las veladuras propias del género cortés. Inventan su yo particular como harán en todas las épocas las escritoras. Los nombres más destacados son la Conmtessa de Dia, Castelloza, Maria de Ventadorn, Gilhelma de Rosers , Tibors y Beiris de Romans. Esta última escribe un poema dirigido a una mujer de la que se confiesa enamorada y que es una rareza en toda la literatura medieval.
En este mismo siglo XII en el norte de Francia la llamada Maria de Francia escribe sus Lais. Se la considera la primera poeta francesa.
Hasta el siglo XV no encontramos en España poetas de nombre conocido que escriban en castellano. Sus poemas están recogidos en Cancioneros, recopilaciones de poemas de diversos autores que son muy frecuentes en la época. Florencia Pinar que vivió en la época de los Reyes Católicos es la única que presenta rasgos personales en su poesía cuyo tema único es el amor. Utiliza animales como símbolos eróticos “El amor es un gusano/bien mirada su figura/es un cáncer de natura/que come todo lo sano” dice en uno de sus poemas. No se sabe nada de su vida.
En el Renacimiento que se desarrolla en casi toda Europa en el siglo XVI, aunque en Italia había comenzado antes, florece la cultura del Humanismo y en el seno de esta cultura se va a dar precisamente en Italia un fenómeno que no tiene parangón en ningún otro pais y es la abundancia de mujeres poetas de las que se han contabilizado más de cien .
La obra de las poetas renacentistas cobra una importancia capital en el mundo de las ideas neoplatónicas y petrarquistas. Las poetas invierten el modelo según el cual la contemplación de la belleza de la dama lleva al conocimiento de Dios. Ellas pasan de ser objeto contemplado a ser sujetos que contemplan y transgreden el canon a través de una fuerte individualización de sus voces.
Las poetas en la Italia del siglo XVI fueron leidas y respetadas. Como muetra sirvan estos datos:
- Entre 1538 y 1560 se publicaron diecinueve ediciones de las Rimas de Vittoria Colonna.
- En 1547 se publican las Rimas de Tullia d’Aragona.
- Entre 1548 y 67 se publican los ocho volúmenes de las Rimas de Laura Terracina.
- En 1554 Cassandra Stampa publica póstumas las Rimas de su hermana Gaspara.
- En 1555 se publican las Prosas y Rimas de Chiara Matraini
- En 1560 El primer libro de las Rimas Toscanas de Laura Battiferri
- En 1575 Tercias Rimas de Veronica Franco
La lista podría ser mucho más larga pero como muestra creo que es representativa. Las ediciones y los nombres son muchos más. De entre toda la extensa nómina de poetas renacentistas italianas brillan por encima de todas Gaspara Stampa, considerada hoy por la crítica literaria como uno de los mejores poetas italianos de su tiempo, y Verónica Franco. A estas dos mujeres les acompañan Vittoria Colonna, Tullia d’Aragona, Laura Battiferri, Chiara Matraini, Isabella di Morra, Veronica Gambara, Maddalena Campiglia, Laudomia Forteguerri, Olimpia Malipiero y muchas otras.
Pero no solo escribieron poesía, también hicieron crítica literaria, Laura Terracina publicó Discursos sobre todos los cantos primeros de Orlando Furioso de Ariosto que tuvieron más de veinte ediciones .
Otra gran figura del siglo XVI es la francesa Louise Labé cuya poesía expresa un erotismo vital y una gran originalidad que no se ajusta al canon de su tiempo. Se expresa con total libertad “Bésame otra vez y vuélveme a besar./dame uno de tus más sabrosos besos” dice en uno de sus poemas sin ningún recato ni cortapisa.
En España en los siglos de Oro tenemos mujeres intelectuales de prestigio como Beatriz Galindo y Luisa Sigea conocida en toda Europa como gran humanista aunque sus poemas están escritos en latín. La poesía de las mujeres está encerrada en los conventos Teresa de Jesús, María de San José, Sor Marcela de San Félix son algunos de los nombres a destacar.
En la Ilustración tenemos en España poetas como Gertrudis Hore que escribió en periódicos de Cádiz y Madrid y que fue llamada Hija del sol por su habilidad literaria. La acompañan Maria Joaquina de Viera y Clavijo y Rosa Gálvez, entre otras, que aunque no es esencialmente poeta, es la escritora más importante de este período y la primera mujer que pudo vivir de su pluma y ser considerada escritora profesional. Sus obras dramáticas giran en torno a la idea de la opresión de las mujeres, la maldad de los hombres o el suicidio. Sus poemas utilizan los recursos propios del neoclasicismo.
El Romanticismo como movimiento cultural nace en Alemania y es alli donde encontramos las mujeres poetas más interesantes. Curiosamente es en el Romanticismo alemán donde se fragua de forma definitiva la idea de que la mujer es un ser cercano a la naturaleza y que su función primordial es la de ser madre, aunque esto ya se creía hacía tiempo. Las poetas románticas fueron madres prolíficas como Sophie Merau que tuvo cinco hijos y murió en el parto del quinto o Bettina Brentano que tuvo siete. Los temas que utilizan son los propios de la época: sentimientos desbordantes, el amor desgrciado casi siempre, la libertad, etc. Además de los nombres citados tenemos a Karoline von Günderrode y Adele Schopenhauer hermana del filósofo que oscureció su existencia.
La poeta sin duda más importante de la estética romántica es la inglesa Elisabeth Barret Browning que en 1850 publica la obra que la hizo famosa internacionalmente The Sonets of the Portuguese de tema amoroso aunque su obra maestra es Aurora Leigh publicada en 1856. Es una novela escrita en verso blanco en la que habla de la dominación que sufre la mujer por parte de los hombres y de la necesidad de afirmación que tienen las mujeres para ser ellas mismas.
En España en el siglo XIX el Romanticismo es tardío. La primera poeta romántica que se consagra como escritora es Josefa Massanés que empieza a publicar en 1841 y los otros nombres destacados son Carolina Coronado, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Josefa Estévez entre otras.
Un caso aparte es Rosalía de Castro que es ya una poeta simbolista con una obra que supera totalmente el Romanticismo. Es la poeta más notable del siglo.
Desde la muerte de Rosalía de Castro en 1885 hasta los años veinte del siglo siguiente no se publica en España ningún libro de poesía escrito por una mujer, hay que esperar hasta 1926 en que publican sus primeros libros Concha Méndez, Carmen Conde y Ernestina de Champourcin. Al año siguiente publican Josefina de la Torre y Elisabeth Mulder. Estas junto con Rosa Chacel forman parte de la generación del 27 aunque en los libros de texto y en las antologías de la generación no figuren. Antes que ellas Lucía Sánchez Saornil ha publicado poemas vanguardistas en las revistas Cervantes, Ultra, Tablero,etc. Es la única mujer que escribe en castellano poemas vanguardistas.
Chacel, Champourcin y Méndez se exilian en los años de la guerra civil y volverán a España cuando ya son muy mayores.
En la posguerra la primera poeta en publicar es Carmen Conde que en 1944 publica Pasión del verbo. Dentro de la poesía de postguerra tenemos a Concha Zardoya, Angela Figuera Aymerich que en sus obras habla de la realidad social y del cuerpo además de la maternidad y de sus preocupaciones existenciales. María Beneyto, Angelina Gatell, M Elvira Lacaci, Elena Martin Vivaldi, Julia Uceda, son otros nombres importantes. Pero la poeta más original con una voz inimitable y personal es Gloria Fuertes que a través de la ironía, el lenguaje paródico y el humor desmitificador construye una obra única en la que huye del retoricismo y la sensiblería.
A partir de los años sesenta empiezan a publicar Ana María Fagundo,Ana María Navales, Clara Janés, Ana María Moix y muchas otras entre las que destaca Maria Victoria Atencia.
En el último tercio del siglo XX la cantidad y calidad de las poetas es enorme y no se las puede nombrar a todas. Basten unos pocos nombres como ejemplos: Juana Castro, Anna Rossetti, Elsa López, Dionisia García, Julia Otxoa, Amparo Amorós, Angeles Mora, Amalia Iglesias, Cecilia Domínguez, Noni Benegas,Ada Salas, Mercedes Escolano, Concha García, Esperanza López Parada,Carmen Borja y un larguísimo etcétera.
Ya en el siglo XXI Ana Pérez Cañamares, Inma Luna, Cristina Morano, Nuria Ruiz de Viñaspre, Maria Eloy García, Ester Ramón , Vanesa Pérez Sauquillo, Eloisa Otero, Pilar Martín Gila…………. Imposible citar todos los nombres.
En las otras culturas españolas encontramos también poetas que han escrito obras importantes. En la cultura catalana tres son los nombres que destacan en la primera mitad del siglo XX. M Antònia Salvá, mallorquina, en su obra expresa las ambiciones de una sociedad rural y encerrada en si misma que se mantiene intacta desde casi la Edad Media. Su poesía no sigue ningún ideario estético aunque se declara discípula del poeta italiano Pascoli. Clementina Arderiu en cuya obra opta por la sencillez técnica y la claridad expresiva. Según sus propias palabras su poesía “traduce su vida de mujer como las otras, como tantas otras”. Rosa Leveroni en su poesía nos habla del paso del tiempo, de la soledad y del amor y la entrega amorosa. Escribe con un lenguaje justo y preciso sobre todo en sus tankas.
Los años de la dictadura franquista son años oscuros para la cultura en catalán en la que apenas se puede publicar nada en esa lengua por lo que no encontramos obras de mujeres hasta después de la muerte del dictador. Los nombres más destacados del último tercio del siglo XX son: Montserrat Abelló; Quima Jaume en cuya poesía el mar es una presencia constante y metáfora de la vida y también los recuerdos y el paisaje de Cadaqués ; M Mercè Marçal sin duda la poeta más importante de su generación y me atrevoa a decir del siglo XX. Desde muy joven adquiere un compromiso personal con el feminismo y la literatura. Se rebela contra los imperativos sociales y contra las señales de una identidad impuesta por la sociedad a las mujeres. El amor es festivo, sensual y sin tabúes.
Otros nombres destacados son Maria Oleart, M Angels Anglada, Felicia Fuster, Josefa Contijoch, Marta Pessarrodona, Margarita Ballester, Vinyet Panyella, Dolors Miquel, Mireia Vidal-Conte, Anna Aguilar Amat, etc.
La poesía gallega se inicia con el Rexurdimento a finales del XIX aunque ya antes habían escrito poesía Manuela Cambronero y Filomena Dato. Rosalía de Castro en 1880 al publicar Follas novas abre la puerta al gallego literario escrito por una mujer, ella será la guía de muchas de las poetas del siglo XX. En este siglo los nombres destacados son Xohana Torres, Pura Vázquez , Luz Pozo Garza que escriben a partir de los años cuarenta sorteando el franquismo en unos pliegos de los que se tiraban trescientos ejemplares que se enviaban por correo a suscriptores amigos.
En el último tercio del siglo XX y ya en el siglo XXI los nombres y las obras de las poetas gallegas son muy notables. Destacan M Xosé Queizán, Chus Pato, Lupe Gómez, Olga Novo, Maria do Cebreiro, Yolanda Castaño, Ana Romaní, Estíbaliz Espinosa.
La poesía en vasco despunta a partir de la creación de la Academia de la lengua vasca en 1918. En el primer tercio del siglo XX hay muy pocas mujeres que escriban poesía, las más destacadas son Rosario Artola y Sorne Unzueta que hacen una poesía ligada a los ideales nacionalistas, la familia y los valores tradicionales vascos.
A partir de los años setenta se normaliza el uso literario del vasco como lengua literaria y surgen dos poetas Amaia Lasa y Arantxa Urretavizcaia que escriben poemas con nuevos temas y nuevos enfoques, hablan de temas sociales sobre todo los que conciernen a las mujeres.
Después de estas dos poetas las más notables del último tercio del siglo son Tere Irastorza, Itxaro Borda, Amaia Itúrbide y Miren Agur Meabe.
En la América hispana el primer nombre que encontramos es el de una de las poetas más notables de todos los tiempos: Sor Juana Inés de la Cruz que vive en Méjico entre 1651 y 1695. Se le llamó Décima musa por lo completa y abundante que es su obra y la calidad de la misma. Aunque en su poesía utilizó los modelos del Barroco su capacidad versificadora, su maestría en el uso del lenguaje y su habilidad para combinar conceptos hacen de su poesía una obra dificil de igualar.
Hasta el final del siglo XIX no encontramos mujeres poetas interesantes en el mundo hispánico. Con el Modernismo cuatro son los nombres imprescindibles : Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou, a la que se llamó Juana de América por su popularidad, Alfonsina Storni y Gabriela Mistral que fue el primer escritor de Hispanoamérica en recibir el Premio Nobel, distinción que obtuvo en 1945.
A partir de los años cuarenta hay una verdadera explosión de mujeres que hacen de la poesía su modo de expresión. La argentina Olga Orozco construye una poesía volcánica de versos largos y palabra profética. La también argentina Alejandra Pizarnik escribe una poesía deslumbrante en la que los temas recurrentes son la muerte y el lenguaje. La uruguaya Cristina Peri Rossi trata el amor de una forma absolutamente libre y gozosa con sentido del humor e ironía.Su poesía es urbana ya que la ciudad es la que le proporciona los encuentros necesarios para el amor. La colombiana Mercedes Carranza nos habla de la existencia y del desajuste entre el yo profundo y el mundo hostil con el que no concuerda.
Blanca Varela, Ida Vitale, Idea Vilariño, Susana Thenon, Fina garcía Marruz, Marosa di Giorgio, Dulce Maria Loynaz, Mariella Nigro, María Negroni, Yolanda Pantin….. otros nombres.
La poesía norteamericana podemos afirmar que se inaugura en el siglo XIX con Emily Dickinson contrapunto perfecto del considerado poeta nacional Walt Whitman que canta la grandeza de los Estados Unidos. Emily, que pasa la mayor parte de su vida recluida voluntariamente en su habitación y vestida de blanco, escribe una poesía singular, única. Es un monumento a la introspección y la reflexión profunda e intimista sobre el sentido de la vida entendido como un camino personal en lo que verdaderamente cuenta es la experiencia interior. escribe unos poemas breves, condensados en una especie de presente continuo o suspensión temporal. Es una figura indispensable que abre la puerta a toda la poesía del siglo XX.
Las mujeres que escriben poesía a principios del siglo XX en los Estados Unidos únicamente pueden tomar como modelo a Dickinson. La sociedad es profundamente conservadora y religiosa y solo se concibe que las mujeres escriban poemas “femeninos”, es decir, que hablen de la maternidad o la religión y como mucho del amor conyugal. Por esto poetas como H.D. (Hilda Doolittle),
Gertrude Stein o Djuna Barnes deciden establecerse en Europa, preferentemente en Paris, para vivir lejos de su país.
Los primeros cuarenta años del siglo los ocupa el llamado Modernismo corriente en la que se pueden encuadrar H. D. y Marianne Moor cuya poesía es compleja por el tratamiento que hace del lenguaje que requiere del lector un trabajo personal intenso.
Después de la Segunda Guerra Mundial las mujeres que en los años del conflicto habían salido de casa para trabajar son relegadas otra vez al hogar y a la crianza de los hijos. Las jóvenes son educadas para encontrar un marido y convertirse en buenas esposas. Dos poetas expresan el malestar que estas ideas provocan en las mujeres: Anne Sexton cuya poesía nos transmite una visión crítica sobre lo que significa ser mujer en un mundo en el que aparentemente las mujeres no tienen problemas y Silvia Path que escribió sobre las mujeres, sobre su cuerpo, la sexualidad y la búsqueda de la identidad personal. Ambas son suicidas.
Elisabeth Bishop es una poeta inclasificable que en su obra descarta toda emotividad y trata de explicar de la manera más objetiva posible la realidad contemplada, no la vivida.
Adrienne Rich y Denise Levertov escriben una poesía socialmente comprometida. La primera es una figura fundamental de la poesía norteamericana y del feminismo. La segunda , que podemos encuadrar en la generación beat, denuncia la crueldad de la guerra y su poesía es esencialmente política.
Otros nombres importantes son Sharon Olds y Audre Lorde, esta última poeta y activista feminista y defensora de los derechos de los negros y las lesbianas.
En el Canadá el hecho de que haya dos lenguas hace que se multipliquen los nombres de mujeres que escriben poesía. En el Canadá anglófono del siglo XIX las primeras poetas igual que sus compañeros varones hablan del paisaje, el frío, la nieve, la inmensidad de la tierra en la que se asientan. Asi lo hacen poetas como Susana Moodie, Pauline Johnson o Valancy Crawford.
Ya en el siglo XX los nombres imprescindibles son Gwendolyn McEwen en cuya obra se expresa una visión asombrada ante la vida y la muerte. Erin Moure de origen gallego traductora de la poeta gallega Chus Pato tiene una obra altamente simbólica. Margaret Atwood poeta, ensayista, novelista, escritora de relatos breves es una de las intelectuales más influyentes por su activismo político y su defensa de los derechos humanos. En su poesía hay un enorme interés por el lenguaje y por encontrar la expresión justa.
En el Canadá Francés las primeras poetas coinciden en temática y expresión con sus contemporáneas anglófonas. Podemos citar a SimonRoutier, Médje Vezina o Marie Lafranc.
En los años cuarenta del siglo XX hay tres nombres fundamentales Rina Lasnier y Anne Hébert junto con Thérese Renaud.
A partir de los años sesenta después de la llamada Revolución tranquila hay una verdadera explosión de mujeres que escriben poesía. La poesía que se escribe en estos años se caracteriza por el deslizamiento de los géneros donde se entrecruzan el relato, el poema en prosa y el yo femenino biográfico. Cécile Cloutier, Suzanne Paradis, Michéle Lalonde y sobre todo Nicole Brossard son los nombres destacados.
La década de los setenta es la de la toma de conciencia, la solidaridad, la exploración del yo. La nueva poesía se apoya en el marxismo, el psicoanálisis, el lesbianismo, la contracultura. Se escribe el sexo, la escritura, la americanidad, el cuerpo, lo cotidiano. Madeleine Gagnon, France Théoret, Louky Bersianik, Marie Uguay son los nombres más destacados.
En el último tercio del siglo XX los nombres son muchos y las obras muy notables. hay que citar a Claudine Bertrand, Denise Desautels, Hélène Dorion, Louise Dupr´Rachel Leclerc, Hélène Monette, Martine Audet………
Entre todas las poetas del Canadá Francés la que ha alcanzado fama universal es Nicole Brossard cuya obra desde sus inicios se centra en una puesta en cuestión radical de las formas aceptadas del lenguaje con el que juega, lo fractura y lo distorsiona en busca de nuevos significados. Toda su obra va ligada al cuerpo de la mujer y la alegría de serlo. Su trabajo literario es absolutamente original y personal.
Quiero acabar este breve recorrido por la historia citando a cuatro poetas europeas que ocupan un puesto sobresaliente en la historia de la literatura. La primera de ellas es la austriaca Ingeborg Bachmann que desde sus primeros poemas plantea la dificultad de expresar la verdad con palabras que sean nuevas. La preocupación por la palabra no la abandonará nunca y junto a esta preocupación la reflexión filosófica ya que ella misma define su obra como un camino de conocimiento. Rechaza la sociedad materialista y desconfia del sentimiento amoroso.
Wislawa Szymborska , polaca y premio Nobel de Literatura en 1996, premio que antes solo habían recibido dos mujeres Gabriela Mistral y Nelly Sachs a las que acompañará Herta Müller en el año 2009.
En la poesía de Szymborska predomina la ironía y su interés por lo cotidiano. Sus temas parten siempre de la observación de la realidad en la que incluye la política, los animales y las plantas que muchas veces aparecen como tema en sus poemas.
Ana Ajmatova, rusa de Odessa, su poesía estáligada indefectiblemente a los avatares de la historia de su pais: la Segunda Guerra Mundial, el stalinismo, el gulag. Toda su obra nos habla de su experiencia de mujer. Su voz será la de las mujeres que no la tienen y no pueden por ello expresarse. La inseguridad de la vida diaria, la arbitrariedad de las detenciones políticas y todo lo que ve a su alrededor hacen que su obra sea un testimonio no solo de su época sino también de los avatares de la vida humana.
Marina Tsvetaieva, de Moscú, es otra de las grandes figuras de la literatura rusa. El tema fundamental de su poesía es el amor en el que el ser amado es una ausencia. Hay en ella una fusión total entre obra y vida. Su obra es una de las más originales de la poesía contemporánea.
Las poetas aquí mencionadas son una pequeña parte de todas las que a lo largo de la historia y en distintos contextos han sentido la necesidad y el deseo de plasmar en sus versos su experiencia o su visión del mundo. Lo que ellas nos explican es imprescindible tenerlo en cuenta porque sus obras son la otra parte de la historia literaria oculta durante siglos.
Bibliografía
Gilbert,S. y Gubar,S..- La loca del desván y la imaginación literaria del siglo XX. Editorial Cátedra. Colección feminismos. Madrid 1998
Montagut, M.C.- Tomar la palabra. Aproximación a la poesía escrita por mujeres. Editorial Aresta Barcelona 2014
Ugalde, S.- Conversaciones y poemas.La nueva poesía española en castellano. Editorial Sigo XXI. Madrid 2007.
Zavala, I.-(Coord.).-Breve historia feminista de la Literatura española. Editorial Anthropos Barcelona 1996

